Tengo el privilegio de ser padre de dos niñas preciosas. Isabella, que tiene 2 años 5 meses, y Raquel, que tiene 2 meses y medio. Ser papá de dos bebés (y para las mamás obviamente también aplica) tiene, además de esos inmensos privilegios y alegrías, la por demás interesante tarea de cambiar pañales.
Para quienes no han cambiado pañales aún en su vida, créanme que esta tiene que ser una de las experiencias más impactantes que uno jamás pueda tener. Desde que nacen, los bebés tienen la particular exactitud no sólo de necesitar el cambio de pañales en los momentos menos indicados, sino además, pareciera que gozan de propinarnos de una “doble porción” justo en medio de la cambiada, a veces incluso, sin protección para los sillones, alfombras o cubrecamas, y sin consideración de si ese día llevamos alguna de nuestras prendas favoritas puestas.